
Bodegas Ondarre lanza su nuevo Ondarre Crianza, un vino procedente de una selección de viñedos viejos situados al norte de Viana, una de las zonas menos conocidas de Rioja. Entre la Sierra de Codés y el Ebro se extiende un territorio de pequeños barrancos y laderas donde el viñedo convive con cultivos tradicionales y vegetación silvestre, conformando un paisaje agrícola y natural que apenas ha cambiado en siglos.
Ondarre Crianza nace de una serie de viñedos en las partes altas de los barrancos de San Pedro y Valdearas, entre 450 y 700 metros de altitud. Son parcelas de más de treinta años, de baja producción y asentadas sobre suelos calizos poco profundos, unas condiciones que favorecen la frescura, la finura aromática y la capacidad de guarda del vino.
Durante más de cuatro décadas, Bodegas Ondarre ha desarrollado un profundo trabajo de investigación sobre el viñedo del norte de Viana. Un territorio cuyos suelos, barrancos y laderas ha explorado minuciosamente y en el que hoy controla más de 700 parcelas.
Como expresión de un territorio, Ondarre Crianza comparte origen y filosofía con Mayor de Ondarre y Señorío de Ondarre, dos de las referencias históricas de la bodega, con las que mantiene también criterios comunes de selección y elaboración. Como señala Diego Orío, director técnico de Bodegas Ondarre, «trabajamos con una base común de viñedos que nos permite entender el territorio en conjunto. A partir de ahí, la selección y el tiempo marcan la diferencia entre cada vino, pero todos nacen de esa misma raíz».
Elaboración por separado
Ondarre Crianza 2023 se elabora con Tempranillo, acompañado de pequeños porcentajes Mazuelo y Viura, variedades que de forma tradicional aparecen entreveradas en los viñedos de esta zona. Cada viña se vinifica por separado mediante fermentaciones espontáneas con levaduras autóctonas. Los diferentes vinos permanecen entre 16 y 18 meses en barricas de roble fino de segundo y tercer uso, antes del ensamblaje final y su posterior afinado en botella.
El resultado es un Crianza de capa media y tonos vivos, con aromas de frutos rojos, ciruelas maduras, notas lácteas y recuerdos balsámicos y de monte bajo. En boca presenta amplitud, volumen y estructura, con una gran frescura, tanino fino y firme y un final largo y persistente. Un vino que, a través de su frescura, viveza y riqueza aromática, expresa la diversidad natural de este territorio y la estrecha relación entre el viñedo y el paisaje del que forma parte.