

Entre los barrancos y laderas de Viana, Bodegas Ondarre ha descubierto una nueva manera de contar las cosas. Si nuestra tradición siempre ha sido buscar la armonía sumando lo mejor de cada viña, con «Los Otros de Ondarre» hacemos una pausa para dejar que pequeños viñedos que casi pasan desapercibidos tomen la palabra para contar su propia vida.
«Los Otros de Ondarre» es una saga de vinos que saca a la luz esas «pequeñas joyas» que Viana mantenía guardadas. Son parcelas diminutas que, durante años, aportaron su carácter a nuestros vinos desde el silencio y el anonimato, y que ahora, por fin, dan un paso al frente para mostrarse tal y como son. Más que una gama de vinos al uso, es una saga viva donde cada botella narra la historia única de su origen.
Pero hoy os vamos a contar un poquito de cada vino:
El primer capítulo de esta historia está cargado de simbolismo. Su nombre no es casualidad: fue literalmente la última cosecha de una viña mítica. La Última Viura fue la primera en llegar y también la última en irse. El pequeño legado de aquella viña que ya no existe apenas si duró unos meses entre nosotros.
· La historia: Plantada en 1974, esta parcela de Viura llegó al final de su ciclo vital tras la vendimia de 2019. Antes de que el viñedo desapareciera para siempre, la bodega decidió embotellar esa última producción como homenaje y agradecimiento a lo que la tierra les regaló.
· El vino: Un blanco Reserva de textura cremosa que guarda la memoria definitiva de aquellas cepas.
Una asomada es ese punto exacto en el camino hacia un cerro donde empiezas a intuir lo que hay al otro lado. La Asomada, el vino, representa el ansia por conocer, por saber lo que puede aportar el querer habitar un territorio desconocido por entonces para nosotros, que nunca habíamos elaborado un vino 100% Tempranillo y sin paso por barrica.
· El origen: La Asomada tiene su origen en dos de los viñedos más altos de la bodega (Cuenca y Valderroma, a unos 700 metros), zonas de difícil acceso y suelos pobres.
· El carácter: Para respetar esa altitud y frescura, es el primer Tempranillo de Ondarre que no toca la madera. Se cría en hormigón para mostrarse limpio, directo y sin artificios, tal y como es el paisaje del que proviene.
Si los anteriores vinos hablan de despedidas o descubrimientos, La Antanilla habla de permanencia. Su nombre nos transporta a un lugar donde el tiempo parece detenerse, donde solo se oye el zumbido de las abejas y el olor a monte bajo.
· El entorno: Nace de cepas muy viejas de Garnacha plantadas al tresbolillo a principios del siglo XX en Bargota, rodeadas de vegetación silvestre como tomillo y romero.
· La esencia: Es un auténtico «Vino de Lugar». La intervención es mínima para que esa mezcla de fruta roja y hierbas aromáticas se exprese con nitidez. Es una Garnacha serena y luminosa que no podría haber nacido en ningún otro sitio.
El próximo lanzamiento de la colección lleva un nombre que define toda una declaración de intenciones. Se llama El Terco porque se ha empeñado en llevar la contraria a lo establecido. Primero porque si por algo tienen fama los rosados en esta zona (no olvidemos que aunque Viana pertenece a la DOCa Rioja se encuentra geográficamente en Navarra) es por su frescura y su juventud. Y segundo porque le dejamos hacer y cuanto más tiempo pasaba más se enriquecían sus matices.
· La personalidad: En un mundo donde el rosado se consume rápido y joven, este vino apuesta por la paciencia. Es un Gran Reserva de uva Mazuelo que ha pasado 26 meses en barrica, desafiando el paso del tiempo.
· El porqué: Su «tozudez» reside en demostrar que un rosado puede afinarse, ganar complejidad y seriedad con los años, convirtiéndose en un aliado del tiempo en lugar de su víctima.

Los Otros de Ondarre ordenados por orden cronológico de izquierda a derecha. El interrogante es El Terco, que llegará muy pronto.